Muchas veces, a raíz de charlas con diversas amistades, la gente que no “estudia” disciplinas artísticas específicas y de manera profesional tiende a pedir opinión a aquellos que si la tienen. No me interesa poner el foco o en tela de juicio la posible respuesta que aquellos puedan dar, ni siquiera la actitud; por el contrario, es esta perseverancia de parte del que pregunta la que pretendo juzgar, y el hecho de reconocerse inferiores en cuanto a “criterio” para opinar acerca de un hecho artístico.
“A ver vos, que sabés de cine…” o “yo no nada de teatro, pero la verdad…” son frases que odio con todo mi corazón, porque hablan de alguien que ya ha visto la obra, o ha tenido cierto contacto con la misma, que ya ha determinado un juicio estético valorativo sobre la misma, y que sin embargo cree que lo que piensa/siente (porque en la percepción ,es sabido, son dos términos muy cercanos) es poco, y no solo eso, sino que probablemente esté mal.
Este es un problema muy serio en realidad. Porque sugiere algo peligroso: “el arte es para pocos”. Por eso se acude muchas veces a la voz santificada de quien ha estudiado o realiza producciones artísticas.
Pensar que el arte es cosa de pocos es política de la más fea y dura. Arte es imagen y producto de una sociedad toda, y sus manifestaciones, producciones de personas que tienen la capacidad de ver el todo a través de su caleidoscopio: su propia mirada. Y si esa producción es imagen de toda la sociedad, entonces, no solo nos pertenece, sino también somos partícipes en su génesis y tenemos la posibilidad de disfrutarla en igualdad de condiciones con todo el resto, profesionales o no.
Quien se ha formado de alguna u otra manera en X disciplina, tiene una responsabilidad tremenda, porque es capaz de blandir un poder (conocimiento) y cercenar este tipo de actividad en conjunto. Quien lo hace debe ser cuidadoso, y debe siempre dejar en claro que es uno el que está hablando, y que no es el portador de la verdad absoluta. En todo caso debe dar lugar al debate, porque por lo general cuando las diferencias entre el gusto popular y el personal son muy diferentes, ya no estamos parados en el mismo campo (lo artístico) sino que nos hemos cambiado al de la filosofía, en el mejor de los casos, o en el de la política, en el peor. Y esto, insisto, solo es posible dado su carácter netamente social que tiene el arte, sin pretender dar por social un arte condescendiente y demagógico (creo que esta es la más grande malinterpretación de “arte social”), que es el tipo de manifestación más útil para aquellos que detentan o pretenden detentar el poder. El arte debería ser para la sociedad un bien en sí mismo (no una mediación), sin ninguna utilidad más que esa: la de dar una imagen del hombre, y la de jaquear su existencia, con el pensamiento sugerido que pone en funcionamiento y con los efectos profundamente verdaderos que genera. De ahí su poder, su carácter sagrado.
Von Trier, la industria y la abyección
Publicado por
Tobías Cortés
Lars Von Trier es un director alemán reconocido mundialmente por peliculas como “Bailarina en la oscuridad” o “Dogville”. Su última película “Anticristo” fue estrenada en el último Festival de Mar del Plata y fué ferozmente criticada por colegas, críticos y público en general.
Von Trier es un director de lo que podría considerarse como “la última Vanguardia Cinematográfica” que es el DOGMA. Este movimiento nace en contraposición a la maquinaria de producción estadounidense, Hollywood.
Las vanguardias en el arte nacen muy unidas de la mano con la política y la ideología. Si bien es posible afirmar que todo arte guarda una relación de este estilo, en las vanguardias esta relación se pone en evidencia, para que el choque discursivo entre lo nuevo y lo consolidado se de con la fuerza necesaria como para generar un cambio en el paradigma.
Ya en “Dogville” (y su secuela “Manderlay”), Von Trier plantea una relación, casi absurda, entre teatro y cine: ¿es teatro? ¿es cine? ¿si es teatro, porqué lo filma? ¿cuál es la necesidad?.
En “Anticristo” plantea otra relación, a niveles paradigmáticos creo que superior, la de la industria cinematográfica y la del cine de autor: utiliza actores “consagrados”, gran despliege de efectos visuales que dan cuenta de grandes despliegues de capital, y sobre todo la relación con un genero mítico, como ser el cine “de terror” yanki, que se vale del morbo para lograr el efecto, porque justamente es eso: un cine de efectos, no importa a qué costo, el espectador se debe “asustar o impresionar”; por el otro lado, el del cine de autor, se vale de “citas cultas” a obras clásicas del Bosco y de películas de Andrei Tarkovsky, director ruso, a quien dedica la película en una placa al final, como para cerrar con broche de oro esta película.
En una primera instancia, uno sale de la sala de cine verdaderamente trastornado, con la sensación de que no entendió nada. Permanece suspendido. Es la superposición de estos recursos, provenientes de modos de producción artística tan diferentes, la que genera esta sensación. En relación a esto debo decir, acaso como crítica a la película que la comunión entre los recursos probablemente no exista en la película misma, sino que debe ir a buscarse al exterior, es decir, al DOGMA, como ideología, a la misma historia del cine, y a las películas anteriores de Von Trier, a estas relaciones absurdas de las que ya hemos hablado.
Pero más alla de esto, lo que ha sido más criticado es la abyección de mucho de sus planos. Se sabe que la teoría del pensamiento cinematográfico actual sobre la cual se ha basado toda la producción actual, proviene de la Nouvelle Vague, hija del Neorrealismo italiano de post-guerra. Esta teoría dominante se basa en la moralidad y la ética como conceptos que estructuran el discurso “¿Qué se puede mostrar y cómo?”. Esta pregunta no es menor, y se refiere a los límites de la representación: ¿podemos filmar la muerte?¿cómo?. Con estos conceptos aparece su contra-cara: lo abyecto.
Sin embargo, lo abyecto aparece en relación a algo superior. Como algo necesario que se debe atravesar para llegar al sentido mismo de esas imágenes.
Plano detalle de una vagina. Unos segundos después, una tijera de metal entra en plano y se acerca peligrosa pero lentamente, si comparamos a ese tiempo con el de una película de terror efectista. Luego de unos segundos, la tijera se abre, y la protagonista se corta el clítoris.
Apuesto a que solo bastaban dos oraciones para que ud. suponga como iba a terminar, y sin embargo, lo escribí igual, y ud. lo leyó igual: Von Trier ataca al espectador haciéndolo desear ver, en un acto macabro/masoquista, solo para demostrarnos, que en el fondo nosotros también queremos que la mate, y que nuestra posición piadosa, humilde, y aparentemente humana, en tanto que es moral y éticamente correcta (demás está aclarar social) es solo la careta con la que afrontamos el mundo, la careta que nos han puesto la cultura dominante, la “mascara de hierro” fraguada en Hollywood.
Los planos “criticables” en términos, de abyección, juegan entonces en esta cancha, que es la de la apelación forzosa o el ataque. No corresponden, sino por oposición, al director: ¿Porqué lo ves, si sabés cómo va a terminar? ¿Por qué castigar una muerte, si ud. también la deseaba?
El miedo, la molestia ocasionada por la película es la posibilidad: también está en mi, yo también la hubiera matado, o lo habría hecho antes.
Von Trier nos dice algo que Roland Barthes ya había cuestionado: Hollywood nos enseño a amar, a dar nuestro primer beso. Creo que “enseñar” es un término muy sutil para lo que en verdad significa este sentencia: todo, hasta nuestra forma de amar ha sido condicionada. El pensamiento, naturalmente, no queda exento de este destino. Von Trier no pone en tela de juicio lo que se debe o no hacer, en términos morales, porque sabe, eso corresponde a la persona, al espectador. Lo que critica es al discurso dominante, lleno de rosas y buenos modales, y una ética intachable, personajes correctos éticamente, etc…
Esto es lo más importante del cine de Von Trier, naturalmente, quien no este dispuesto a aceptarlo, lo odiará, y por eso su mala reputación.
Von Trier es un director de lo que podría considerarse como “la última Vanguardia Cinematográfica” que es el DOGMA. Este movimiento nace en contraposición a la maquinaria de producción estadounidense, Hollywood.
Las vanguardias en el arte nacen muy unidas de la mano con la política y la ideología. Si bien es posible afirmar que todo arte guarda una relación de este estilo, en las vanguardias esta relación se pone en evidencia, para que el choque discursivo entre lo nuevo y lo consolidado se de con la fuerza necesaria como para generar un cambio en el paradigma.
Ya en “Dogville” (y su secuela “Manderlay”), Von Trier plantea una relación, casi absurda, entre teatro y cine: ¿es teatro? ¿es cine? ¿si es teatro, porqué lo filma? ¿cuál es la necesidad?.
En “Anticristo” plantea otra relación, a niveles paradigmáticos creo que superior, la de la industria cinematográfica y la del cine de autor: utiliza actores “consagrados”, gran despliege de efectos visuales que dan cuenta de grandes despliegues de capital, y sobre todo la relación con un genero mítico, como ser el cine “de terror” yanki, que se vale del morbo para lograr el efecto, porque justamente es eso: un cine de efectos, no importa a qué costo, el espectador se debe “asustar o impresionar”; por el otro lado, el del cine de autor, se vale de “citas cultas” a obras clásicas del Bosco y de películas de Andrei Tarkovsky, director ruso, a quien dedica la película en una placa al final, como para cerrar con broche de oro esta película.
En una primera instancia, uno sale de la sala de cine verdaderamente trastornado, con la sensación de que no entendió nada. Permanece suspendido. Es la superposición de estos recursos, provenientes de modos de producción artística tan diferentes, la que genera esta sensación. En relación a esto debo decir, acaso como crítica a la película que la comunión entre los recursos probablemente no exista en la película misma, sino que debe ir a buscarse al exterior, es decir, al DOGMA, como ideología, a la misma historia del cine, y a las películas anteriores de Von Trier, a estas relaciones absurdas de las que ya hemos hablado.
Pero más alla de esto, lo que ha sido más criticado es la abyección de mucho de sus planos. Se sabe que la teoría del pensamiento cinematográfico actual sobre la cual se ha basado toda la producción actual, proviene de la Nouvelle Vague, hija del Neorrealismo italiano de post-guerra. Esta teoría dominante se basa en la moralidad y la ética como conceptos que estructuran el discurso “¿Qué se puede mostrar y cómo?”. Esta pregunta no es menor, y se refiere a los límites de la representación: ¿podemos filmar la muerte?¿cómo?. Con estos conceptos aparece su contra-cara: lo abyecto.
Sin embargo, lo abyecto aparece en relación a algo superior. Como algo necesario que se debe atravesar para llegar al sentido mismo de esas imágenes.
Plano detalle de una vagina. Unos segundos después, una tijera de metal entra en plano y se acerca peligrosa pero lentamente, si comparamos a ese tiempo con el de una película de terror efectista. Luego de unos segundos, la tijera se abre, y la protagonista se corta el clítoris.
Apuesto a que solo bastaban dos oraciones para que ud. suponga como iba a terminar, y sin embargo, lo escribí igual, y ud. lo leyó igual: Von Trier ataca al espectador haciéndolo desear ver, en un acto macabro/masoquista, solo para demostrarnos, que en el fondo nosotros también queremos que la mate, y que nuestra posición piadosa, humilde, y aparentemente humana, en tanto que es moral y éticamente correcta (demás está aclarar social) es solo la careta con la que afrontamos el mundo, la careta que nos han puesto la cultura dominante, la “mascara de hierro” fraguada en Hollywood.
Los planos “criticables” en términos, de abyección, juegan entonces en esta cancha, que es la de la apelación forzosa o el ataque. No corresponden, sino por oposición, al director: ¿Porqué lo ves, si sabés cómo va a terminar? ¿Por qué castigar una muerte, si ud. también la deseaba?
El miedo, la molestia ocasionada por la película es la posibilidad: también está en mi, yo también la hubiera matado, o lo habría hecho antes.
Von Trier nos dice algo que Roland Barthes ya había cuestionado: Hollywood nos enseño a amar, a dar nuestro primer beso. Creo que “enseñar” es un término muy sutil para lo que en verdad significa este sentencia: todo, hasta nuestra forma de amar ha sido condicionada. El pensamiento, naturalmente, no queda exento de este destino. Von Trier no pone en tela de juicio lo que se debe o no hacer, en términos morales, porque sabe, eso corresponde a la persona, al espectador. Lo que critica es al discurso dominante, lleno de rosas y buenos modales, y una ética intachable, personajes correctos éticamente, etc…
Esto es lo más importante del cine de Von Trier, naturalmente, quien no este dispuesto a aceptarlo, lo odiará, y por eso su mala reputación.
La relación existente entre Favio y un gato de la fortuna chino.
Publicado por
Tobías Cortés
Leonardo Favio ha sido considerado por la crítica porteña (la única?) como un verdadero hacedor de películas donde lo KITSCH aparece constantemente: esto es, por sobre el resto de las características, la prefabricación de los efectos, y toda la maquinaria y operaciones técnicas, narrativas, musicales, cinematográficas todas que sustentan que se dé el efecto.
En esto, estamos totalmente de acuerdo. Pero debo decir que hay algo más, algo que evita que podamos dar por hecho este enunciado, tan común hoy en día.
Me permitiré 3 apartados:
1-Lucrecia Martel en una entrevista a Favio que le encargó la revista HACIENDO CINE, hablaba de las “estampitas”, que sus películas son como “pinturitas de estampitas”. Favio responde que “claro, son las imágenes de mi infancia en Lujan de Cuyo, donde vívia con mi tía y mi abuela. Ahí los cuartos donde dormíamos estaban abarrotados de velas, rosarios e imágenes religiosas. Y eso lejos de asustarme me divertía, me sentía protegido”.
2-En paralelo, un texto de David Oubiña, titulado “La vida del Juan Moreira, en colores, con sonido y todo, a pedido del cariñoso publico”, titulo original de la película, dice “Favio se vale de personajes que no son políticamente correctos/ejemplares. La vida ejemplar implica un juicio moral y una enseñanza. Favio se vale de la imagen del GAUCHO INFAME (cita la definicición de “infame” de Fucault: todas esas vidas que estaban destinadas a transcurrir al margen de cualquier discurso y a desaparecer sin que jamás fuesen mencionados han dejado trazos breves, insicivos y con frecuencia enigmáticos, gracias a su instantáneo trato con el poder, de forma que resulta ya imposible reconstruirlas tal y como pudieron ser en estado libre.” Se convierten en mitos más que en personajes históricos, dioses más que hombre.
Pienso en otras producciones si se quiere “criollistas” del mismo período y el anterior: versiones políticamente correctas de personajes históricos, con un mensaje político claro y repetido hasta el hartazgo con diversas caretas.
3-En oriente, el gato de plástico que mueve continua e imbécilmente su brazo como arañando, protege los hogares de las malas energías y atrae al dinero.
Dice Calimescu en su ensayo sobre el Kitsch: “La clase de gusto que satisface las formas inferiores del KITSCH no deben confundirse con el gusto popular. La cultura folclórica., resultado de un proceso de creación participativa largo, orgánico y múltiple es a pesar de su apariencia a veces torpe o naive muy elaborada y refinada. El arte folclórico crece desde abajo, mientras que la “cultura de masas” se impone desde arriba”.
La hipótesis de este texto, espero que esclarecida ya, es la de pensar la obra de Favio como una obra híbrida, entre los límites de lo folclórico y lo comercial, el Kitsch.
Su estetica barroca y exaltada, los personajes “infames” con los que trabaja, responde más a una cultura centenaria mas que a una regida por las leyes de mercado. Responde a un folclore puro del que ha mamado los años más vitales de su formación. Nunca hay una valorización moral de ese mundo, y tampoco se lo muestra como algo “exótico”.
Pero como dice Humberto Eco en “Estética del mal gusto”, lo Kitsch requiere de un contexto donde la obra o el objeto sea “inadecua cuado estéticamente”. Entonces, quien no haya vivido esa cultura (la de Moreira, Gatica, Aniceto o Nazareno) desde adentro, es muy probable que perciba lo folclórico como KITSCH, que las películas de Favio se nos aparezcan como se nos aparecen los gatos “saludadores” hoy en día en cualquier supermercado chino. Nos ha sido presentado como “bien de consumo”, y no en relación a su “valor ritual”. Son INADECUADAS ESTETICAMENTE para nuestro contexto.
¡¡Qué triste!! ¡¡Qué patetico!!
Hoy ese mismo director estreno una película clave para entender ésto, como es “Aniceto”, y nadie fue a verla, y miles salen a decir que es muy KITSCH, como con asquerosidad, lo que lleva a re-ver toda su producción anterior. Es cierto que la puesta en escena era demasiado radical como para aceptarla instantáneamente, y que probablemente haya sido “inadecuada estéticamente” para este contexto de películas actuales (a esto vale preguntar ¿qué son las películas actuales y cuál es su valor cultural? ¿Bañeros 3; El secreto…?)
Me pregunto ¿porqué el KITSCH de los gatos “saludadores” es simpático, y el de Favio pareciera que no? ¿Acaso sugiere cierta “culpa” o “nostalgia” en relación a nuestra cultura? ¿Porqué una película con formulas tan probadas como “El secreto…” es tan alabada, mientras que a las de Favio es justamente eso lo que se le critica?
Muchas veces las varas con las que mide la crítica, y con las que medimos nosotros, también nos han sido “impuestas” por sistemas y escuelas educativas que han reproducido cual “gato saludador” sus “mandamientos”,y eso también guarda algo de KITSCH, y nosotros aceptamos, movemos la cabeza al son de la mano del gato, embobados. En realidad muchas veces nos dan “leyes” por “filosofía”, cuando la “filosofía” no tiene nada que ver con lo empírico. Y nosotros somos tan dependientes culturalmente que no vemos más allá de nuestra insulsa vara.
Favio siempre fue un cineasta fiel a su estilo, su vida y su gente. Creo que eso es admirable. Y encima: “Aniceto”…¿qué más se le puede pedir a un artísta?.
En esto, estamos totalmente de acuerdo. Pero debo decir que hay algo más, algo que evita que podamos dar por hecho este enunciado, tan común hoy en día.
Me permitiré 3 apartados:
1-Lucrecia Martel en una entrevista a Favio que le encargó la revista HACIENDO CINE, hablaba de las “estampitas”, que sus películas son como “pinturitas de estampitas”. Favio responde que “claro, son las imágenes de mi infancia en Lujan de Cuyo, donde vívia con mi tía y mi abuela. Ahí los cuartos donde dormíamos estaban abarrotados de velas, rosarios e imágenes religiosas. Y eso lejos de asustarme me divertía, me sentía protegido”.
2-En paralelo, un texto de David Oubiña, titulado “La vida del Juan Moreira, en colores, con sonido y todo, a pedido del cariñoso publico”, titulo original de la película, dice “Favio se vale de personajes que no son políticamente correctos/ejemplares. La vida ejemplar implica un juicio moral y una enseñanza. Favio se vale de la imagen del GAUCHO INFAME (cita la definicición de “infame” de Fucault: todas esas vidas que estaban destinadas a transcurrir al margen de cualquier discurso y a desaparecer sin que jamás fuesen mencionados han dejado trazos breves, insicivos y con frecuencia enigmáticos, gracias a su instantáneo trato con el poder, de forma que resulta ya imposible reconstruirlas tal y como pudieron ser en estado libre.” Se convierten en mitos más que en personajes históricos, dioses más que hombre.
Pienso en otras producciones si se quiere “criollistas” del mismo período y el anterior: versiones políticamente correctas de personajes históricos, con un mensaje político claro y repetido hasta el hartazgo con diversas caretas.
3-En oriente, el gato de plástico que mueve continua e imbécilmente su brazo como arañando, protege los hogares de las malas energías y atrae al dinero.
Dice Calimescu en su ensayo sobre el Kitsch: “La clase de gusto que satisface las formas inferiores del KITSCH no deben confundirse con el gusto popular. La cultura folclórica., resultado de un proceso de creación participativa largo, orgánico y múltiple es a pesar de su apariencia a veces torpe o naive muy elaborada y refinada. El arte folclórico crece desde abajo, mientras que la “cultura de masas” se impone desde arriba”.
La hipótesis de este texto, espero que esclarecida ya, es la de pensar la obra de Favio como una obra híbrida, entre los límites de lo folclórico y lo comercial, el Kitsch.
Su estetica barroca y exaltada, los personajes “infames” con los que trabaja, responde más a una cultura centenaria mas que a una regida por las leyes de mercado. Responde a un folclore puro del que ha mamado los años más vitales de su formación. Nunca hay una valorización moral de ese mundo, y tampoco se lo muestra como algo “exótico”.
Pero como dice Humberto Eco en “Estética del mal gusto”, lo Kitsch requiere de un contexto donde la obra o el objeto sea “inadecua cuado estéticamente”. Entonces, quien no haya vivido esa cultura (la de Moreira, Gatica, Aniceto o Nazareno) desde adentro, es muy probable que perciba lo folclórico como KITSCH, que las películas de Favio se nos aparezcan como se nos aparecen los gatos “saludadores” hoy en día en cualquier supermercado chino. Nos ha sido presentado como “bien de consumo”, y no en relación a su “valor ritual”. Son INADECUADAS ESTETICAMENTE para nuestro contexto.
¡¡Qué triste!! ¡¡Qué patetico!!
Hoy ese mismo director estreno una película clave para entender ésto, como es “Aniceto”, y nadie fue a verla, y miles salen a decir que es muy KITSCH, como con asquerosidad, lo que lleva a re-ver toda su producción anterior. Es cierto que la puesta en escena era demasiado radical como para aceptarla instantáneamente, y que probablemente haya sido “inadecuada estéticamente” para este contexto de películas actuales (a esto vale preguntar ¿qué son las películas actuales y cuál es su valor cultural? ¿Bañeros 3; El secreto…?)
Me pregunto ¿porqué el KITSCH de los gatos “saludadores” es simpático, y el de Favio pareciera que no? ¿Acaso sugiere cierta “culpa” o “nostalgia” en relación a nuestra cultura? ¿Porqué una película con formulas tan probadas como “El secreto…” es tan alabada, mientras que a las de Favio es justamente eso lo que se le critica?
Muchas veces las varas con las que mide la crítica, y con las que medimos nosotros, también nos han sido “impuestas” por sistemas y escuelas educativas que han reproducido cual “gato saludador” sus “mandamientos”,y eso también guarda algo de KITSCH, y nosotros aceptamos, movemos la cabeza al son de la mano del gato, embobados. En realidad muchas veces nos dan “leyes” por “filosofía”, cuando la “filosofía” no tiene nada que ver con lo empírico. Y nosotros somos tan dependientes culturalmente que no vemos más allá de nuestra insulsa vara.
Favio siempre fue un cineasta fiel a su estilo, su vida y su gente. Creo que eso es admirable. Y encima: “Aniceto”…¿qué más se le puede pedir a un artísta?.
Por qué filmar mi idea y no escribirla
Publicado por
Tobías Cortés
Porque existen las imágenes en mi cabeza y porque hay una fuerza, como una arcada, que me impulsan a plasmarlas.
Porque el cine desde su comienzo narrativo se formó sobre la palabra, haciéndola transparente, evitándola casi por ociosidad.
Porque el cine es imaginación casi inmediata, porque el lenguaje visual es inevitablemente así de pragmático, y de ahí su poder comercial y político.
Porque me cuesta traducir lo que veo en mi pantalla en palabras, sobre todo.
Porque así como a él le tocó ser ingeniero, a mí me toca ser director.
Porque apenas sé cómo ordenar un guión.
Y sobre todo
Porque se me cantan los cojones.
Porque el cine desde su comienzo narrativo se formó sobre la palabra, haciéndola transparente, evitándola casi por ociosidad.
Porque el cine es imaginación casi inmediata, porque el lenguaje visual es inevitablemente así de pragmático, y de ahí su poder comercial y político.
Porque me cuesta traducir lo que veo en mi pantalla en palabras, sobre todo.
Porque así como a él le tocó ser ingeniero, a mí me toca ser director.
Porque apenas sé cómo ordenar un guión.
Y sobre todo
Porque se me cantan los cojones.
CONTRAPARTIDA
Publicado por
Tobías Cortés
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Donde pensar significa ordenar en palabras.
Donde palabras significa un modo indirecto.
Donde por modo indirecto inferimos un modo social.
Donde por modo social inferimos corpus.
Donde nos damos cuenta de que la vanguardia y el género son lo mismo.
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Ver-pensar-hacer
Donde pensar significa ordenar en palabras.
Donde palabras significa un modo indirecto.
Donde por modo indirecto inferimos un modo social.
Donde por modo social inferimos corpus.
Donde nos damos cuenta de que la vanguardia y el género son lo mismo.
Aclaración breve
Publicado por
Tobías Cortés
Escribo poco y pausado...y mal...y todo es incorrecto...lo sé.
Pero como dije PRUEBA=NO ERROR. Estas cosas escritas no tienen finalidad especifica para uds. (¿acaso para mí sí?) Son más bien cadaveres exquisitos, cosas que escrivo de un saque, sin revisarlas demasiado...leanlas así. NO se indignen por lo aquí escrito, y se lo crean. Y mucho menos le rindan culto.O bueno, como gusten...
Pero como dije PRUEBA=NO ERROR. Estas cosas escritas no tienen finalidad especifica para uds. (¿acaso para mí sí?) Son más bien cadaveres exquisitos, cosas que escrivo de un saque, sin revisarlas demasiado...leanlas así. NO se indignen por lo aquí escrito, y se lo crean. Y mucho menos le rindan culto.O bueno, como gusten...
Vi 43 películas, y a nadie le importo (y me parece justo)...
Publicado por
Tobías Cortés
Quiero hacer una apreciación personal sobre el último BAFICI, que por sobre todo es una reflexión cinéfila de un estudiante de cine o presunto realizador.
Siempre sentí una profunda depresión al llegar la hora de elegir las películas para ver. Sobre todo, porque es una elección casi siempre ciega, quiero decir, sin ningún pre-concepto dado que, cuando menos las películas en competencia, se trata de operas primas de jóvenes realizadores. Lo cual es una cualidad magnifica del festiva: ver operas primas mundiales, que dan cuenta de lo que está pasando a nivel mundial en tanto mirada, criterio y valor estético. Entonces, cada elección, cada tiempo que uno se toma para comer, fumar un cigarrillo, o ir al baño, irremediablemente significa perderse otras 10 películas, aproximadamente, y esto es el karma de cualquier cinéfilo.
Ahora bien, ¿porqué la cinefilia?
En el contexto de un festival como éste, la cinefilia se inscribe como la obligación de ver qué es lo que pasa, qué temas son los que plantean los de mi generación o por lo menos la inmediatamente anterior. No es por una cuestión estratégica, es decir: “si este tipo ganó y filmó esto de tal manera, yo lo voy a hacer igual, para ganar”.Desde ya esta idea forma parte de nuestros más oscuros deseos (“quiero ganar, quiero ser reconocido”, pero sin embargo no creo que ese sea el motivo principal por el cual vivimos esos 11 días alejados de todo.
La obligación para mi es simplemente un escaneo de la escena, sobre la cual elaboro un informe.
Y mi informe de este año es: las vanguardias no existen. Hay un discurso muy consolidado, que tiene sus fuertes raíces en la teoría y en las realizaciones que van del neorrealismo pero sobre todo de la Nouvelle Vague. Muchas de esas consignas hoy en día pierden consistencia por repetición y sobre-implementación. Lo absurdo está en seguir defendiendo ese tipo de cine como cine de vanguardia, cuando lo sería 30 o 40 años atrás, pero hoy es un discurso sobre la nada. Y es ahí donde se encuentra la falla. Por otra parte, también ha habido películas que tienen una mirada mucho más poética de la realidad, que no están dictadas por las páginas tiesas de un libro de filosofía o lenguaje cinematográfico, sino hechas bajo el designio de la sensibilidad pura y dura del director. Bueno es que se las haya sabido reconocer, eso habla bien de los jurados.
En lo personal destaco “Aquel querido mes de agosto” del portugués Miguel Gomes (ganadora de la Selección Oficial Internacional del festival), o “La Madre” de Gustavo Fontán, que si bien no gano ningún premio ha demostrado un manejo de un lenguaje propio, hipersensible y muy agradable de ver.
Creo que la renovación del cine viene por este lado: lograr una poesía visual, fruto de gran observación sensible del mundo que nos rodea.
En cierto punto uno puede decir, que esta premisa es neo-realista. Y de hecho, contradictoriamente a lo antes criticado, lo es. Pero no son las premisas, sino el modus operanti cinematográfico el que tiene que avanzar para que se pueda hablar de “vanguardia” nuevamente. Como decir, está todo dicho, no hay temas nuevos. La dificultad de hacer películas no es qué historias contar, sino cómo contarlas. El filtro de temas es a elección del director. Quiero decir el qué puede ser cualquier cosa, lo que sea que me interese a mí (realizador) para contar algo. El cómo tiene que ver con la formación profesional, de alguna manera. La dificultad está entonces en saber cómo vamos a filmar lo que queremos filmar. Y esa dificultad es la que nos determina como realizadores.
Un cinéfilo es un amante del cine, entonces un cinéfilo es aquella persona ve películas y que puede degustar de G, tanto como de W, como de T. Porque sabe ver más allá de las historias, cómo están resueltas. Luego es cuestión de gustos, ya que como espectadores hay cosas que nos gustan más que otras. Esa creo que es la diferencia entre un cinéfilo y un espectador común y corriente. Para un amante del cine es bueno, creo, también saber equilibrar los dos términos y no convertirnos en maquinas que no hacen más que analizar, o ver películas tan ingenuamente.
En lo personal, este BAFICI me ayudo a descubrir cuáles son las películas que me gustan, aquellas que me dejan “del orto”. Son aquellas que me hacen planteos desde lo personal, que ponen en jaque algún aspecto de mi vida, desde lo humano (como espectador-qué contar) o desde lo cinematográfico (como cinéfilo-cómo contar) y desde la suma de ambos (como realizador-qué y cómo).
Desde esta perspectiva, y vuelvo al tema “obligación”, creo que los 3 planteos van de la mano cuando queremos hacer cine. Saber equilibrar Pasión con Técnica. “Ver-pensar-hacer”
Siempre sentí una profunda depresión al llegar la hora de elegir las películas para ver. Sobre todo, porque es una elección casi siempre ciega, quiero decir, sin ningún pre-concepto dado que, cuando menos las películas en competencia, se trata de operas primas de jóvenes realizadores. Lo cual es una cualidad magnifica del festiva: ver operas primas mundiales, que dan cuenta de lo que está pasando a nivel mundial en tanto mirada, criterio y valor estético. Entonces, cada elección, cada tiempo que uno se toma para comer, fumar un cigarrillo, o ir al baño, irremediablemente significa perderse otras 10 películas, aproximadamente, y esto es el karma de cualquier cinéfilo.
Ahora bien, ¿porqué la cinefilia?
En el contexto de un festival como éste, la cinefilia se inscribe como la obligación de ver qué es lo que pasa, qué temas son los que plantean los de mi generación o por lo menos la inmediatamente anterior. No es por una cuestión estratégica, es decir: “si este tipo ganó y filmó esto de tal manera, yo lo voy a hacer igual, para ganar”.Desde ya esta idea forma parte de nuestros más oscuros deseos (“quiero ganar, quiero ser reconocido”, pero sin embargo no creo que ese sea el motivo principal por el cual vivimos esos 11 días alejados de todo.
La obligación para mi es simplemente un escaneo de la escena, sobre la cual elaboro un informe.
Y mi informe de este año es: las vanguardias no existen. Hay un discurso muy consolidado, que tiene sus fuertes raíces en la teoría y en las realizaciones que van del neorrealismo pero sobre todo de la Nouvelle Vague. Muchas de esas consignas hoy en día pierden consistencia por repetición y sobre-implementación. Lo absurdo está en seguir defendiendo ese tipo de cine como cine de vanguardia, cuando lo sería 30 o 40 años atrás, pero hoy es un discurso sobre la nada. Y es ahí donde se encuentra la falla. Por otra parte, también ha habido películas que tienen una mirada mucho más poética de la realidad, que no están dictadas por las páginas tiesas de un libro de filosofía o lenguaje cinematográfico, sino hechas bajo el designio de la sensibilidad pura y dura del director. Bueno es que se las haya sabido reconocer, eso habla bien de los jurados.
En lo personal destaco “Aquel querido mes de agosto” del portugués Miguel Gomes (ganadora de la Selección Oficial Internacional del festival), o “La Madre” de Gustavo Fontán, que si bien no gano ningún premio ha demostrado un manejo de un lenguaje propio, hipersensible y muy agradable de ver.
Creo que la renovación del cine viene por este lado: lograr una poesía visual, fruto de gran observación sensible del mundo que nos rodea.
En cierto punto uno puede decir, que esta premisa es neo-realista. Y de hecho, contradictoriamente a lo antes criticado, lo es. Pero no son las premisas, sino el modus operanti cinematográfico el que tiene que avanzar para que se pueda hablar de “vanguardia” nuevamente. Como decir, está todo dicho, no hay temas nuevos. La dificultad de hacer películas no es qué historias contar, sino cómo contarlas. El filtro de temas es a elección del director. Quiero decir el qué puede ser cualquier cosa, lo que sea que me interese a mí (realizador) para contar algo. El cómo tiene que ver con la formación profesional, de alguna manera. La dificultad está entonces en saber cómo vamos a filmar lo que queremos filmar. Y esa dificultad es la que nos determina como realizadores.
Un cinéfilo es un amante del cine, entonces un cinéfilo es aquella persona ve películas y que puede degustar de G, tanto como de W, como de T. Porque sabe ver más allá de las historias, cómo están resueltas. Luego es cuestión de gustos, ya que como espectadores hay cosas que nos gustan más que otras. Esa creo que es la diferencia entre un cinéfilo y un espectador común y corriente. Para un amante del cine es bueno, creo, también saber equilibrar los dos términos y no convertirnos en maquinas que no hacen más que analizar, o ver películas tan ingenuamente.
En lo personal, este BAFICI me ayudo a descubrir cuáles son las películas que me gustan, aquellas que me dejan “del orto”. Son aquellas que me hacen planteos desde lo personal, que ponen en jaque algún aspecto de mi vida, desde lo humano (como espectador-qué contar) o desde lo cinematográfico (como cinéfilo-cómo contar) y desde la suma de ambos (como realizador-qué y cómo).
Desde esta perspectiva, y vuelvo al tema “obligación”, creo que los 3 planteos van de la mano cuando queremos hacer cine. Saber equilibrar Pasión con Técnica. “Ver-pensar-hacer”
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